La columna de Leo Tena

domingo, 28 marzo , 2010 | Por | Categoria: Opinión

 

Dicen que sólo se necesitan 17 metros y un gran obstáculo para generar eco, para que te devuelvan una conversación, un comentario inteligente, una respuesta coherente, y al final sólo oyes lo que has dicho tú en boca de otros. Inquietante.

Otras veces es tu propio cerebro el que se contesta a sí mismo, sin demasiado proceso, sin mucha elaboración, ya crees haber resuelto un quebradero de cabeza cuando, en realidad te devuelve al principio. No sé cuántos rebotes debe dar dentro del cráneo, para llegar a los treintaicuatro metros necesarios, pero parece un eco más cercano, más tuyo. Pero sigues perdiendo información. Seguro.

En toda comunicación se pierde comba, de lo que fue a lo que te dicen, de cómo pasó a cómo lo vieron, de la interpretación al escrito, del oyente al lector, de la realidad a lo que ves en pantalla. Por eso el eco te devuelve sólo las últimas sílabas, los sonidos finales, el resto se solapan unos con otros, se confunden, sólo el final. El final.

Siempre hay un halo de esperanza, buscas un interlocutor válido. Un reproductor fiel. Entiendes que algo se pierda por el camino, así es la comunicación. Ves normal que no se detalle todo al pie de la letra, que se destaque sólo lo importante, al fin y al cabo no debe aburrir. Pero sobre todo buscas algo diferente, algo independiente, que te cuente otras cosas que no ves a diario, algo de atrevimiento, un poco de originalidad…

Aunque a veces uno piensa que es más fácil hablar con las paredes.

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