La vida sigue igual (por Luis Esteban )

Lunes, 18 Julio , 2016 | Por | Categoria: Opinión

La vida sigue igual. Si, como la canción. No encontré otro título más ingenioso. Temo otro día espeso.
Los tiempos que corren nos llevan a hablar del tema de moda:¿del tren y sus tamagochis?, ¿de los hospitales no natos?, ¿del asilo?, ¿del fite?, ¿de la pac?, ¿del desempleo?, ¿de las minas?, ¿de la despoblación?, pues no, frío, frío. Aquí y ahora toca hablar de política.
Concretamente, y es lo que hay, de elecciones. Osemos viajar con el Ministerio del Tiempo. Hagamosnos presentes el día 26 de junio, domingo a las 23 h, p.m., no se sabe si será premonitorio, pero es la festividad de la Virgen del Perpetuo Socorro.(Ojo al dato).
Se acaban de cerrar los colegios. Se ha hecho el recuento de las segundas elecciones del año para lo mismo. Prácticamente se ha dado el mismo número de votos y de escaños, que en las celebradas hace seis meses.
El Portavoz del Gobierno, gran devorador de los clásicos, por un momento se siente tentado de comenzar su intervención con el conocido “decíamos ayer”, pero se reprime, y muy profesional, lo desecha.
Con tal igualdad, y siguiendo la norma aceptada por todos los partidos de máxima economía, se están volviendo a emplear los mismos gráficos, si esos en forma de colorista herradura, que señalan los escaños obtenidos por cada partido.
Conocida nuevamente la voluntad de las masas, queda muy fuerte decir que la han vuelto a cagar, o como se diga. Que no han solucionado nada. Que han vuelto a errar. Que recalcitran en el yerro. Esa es la tremenda cuestión.
¡Que momento¡, ¿qué hacer?, ¿vamos a una nueva convocatoria que sería la tercera?, ¿nos adentramos en las procelosas aguas del diálogo y el pacto?, ¡que fuerte¡, ¡que frenesí¡, ¡que ansiedad¡, ¡que casi todo¡.
Ante tamaño desafío, el gabinete de crisis convoca urgentemente al decano de la Escuela Nacional de Administración Pública y a los más destacados especialistas en las ramas histórico-jurídico-militar y constitucional, confiándoles la sacrosanta misión, a la vez que urgente y secreta, de encontrar en el presente, el pasado o el más allá, solución al singular desafío.
Hay que salir de un punto muerto, que ya es comidilla en las Cancillerías de la Unión. Así mismo, en Moncloa se teme la aparición, si no original, fastidiante: “Vuelve el día de la marmota”.
Fuere por el duro e intensivo trabajo desarrollado por la elitista brigada, fuere por el acicate de una generosa dedicación exclusiva complementada por una no menos sabrosa subida de nivel (lenguas viperinas dixit), fuerte por la voluntad de los hados, o tan solo porque tocaba, comenzó a vislumbrarse una solución aparente.
Alguien, alguno, así, inconcretamente recordó haber leído, oído o similar, una fábula oriental, que podía venir al pelo: “En aquél tiempo, en un remoto y lejano país, el anciano Emir anhelaba jubilarse, pero antes de convertirse en emérito y conocer mundo, propuso su sucesión.
Como las discusiones entre los candidatos eran estériles e interminables, la vida del reino se ralentizó. Naturaleza, animales, cosas y súbditos, languidecían. Esto preocupaba gravemente al boticario real, que urgía a su majestad para salir de esta tensa situación que amenazaba al reino con una grave epidemia de tristeza y melancolía.
Ante ello, el Gran Visir convocó audiencia pública. Los súbditos exponían sus opiniones. Estas, recogidas por los taquimecas reales, se transmitían al Consejo.
Entre ellas, llamó la atención la del buhonero que cubría la ruta Bagdad-Faluya: “La guardia recluye a los gentilhombres en las mazmorras de palacio, a pan duro y agua, hasta que se produzca el acuerdo”.
Mostró su agrado el Gran Visir, que ordenó su aplicación inmediata.
Como las deliberaciones se demoraban en demasía, el cocinero real decidió ampliar el frugal menú con el suministro de tabaco, para atemperar el alicaído estado de ánimo de los encerrados.
Pese a estos avatares, la vida continuaba pero, ¿cómo afectaría a la revoltosa prima de riesgo?, ¿cómo trataría la bolsa a sus inversores?, ¿seguiría abierto el INEM?, ¿regresarían a casa los inmigrantes, sin que necesariamente fuera navidad?, ¿llovería más ahora?.
Se abría una etapa apasionante, digna de ser vivida. Todas las respuestas y alguna más en una próxima entrega. Continuará…

Luis J. Esteban Silvestre

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