Un futuro problemático (Por Francisco Javier Aguirre)

lunes, 21 agosto , 2017 | Por | Categoria: Opinión

Los atentados de la semana pasada en Cataluña han dado lugar a toda una serie de respuestas estandarizadas en estas ocasiones a lo largo del siglo XXI. Los episodios del 11 S en los Estados Unidos (2001) y del 11 M en España (2004) pueden ser considerados como el arranque de esta nueva fase de rituales que se repiten casi milimétricamente cada vez que una tragedia como las citadas, de mayor o menor dimensión, se abate sobre un país de nuestra órbita cultural y económica. Declaraciones, días de luto, minutos de silencio, banderas caídas, crespones negros, etc. se suceden por doquier. No se dan las mismas reacciones si el ataque afecta a territorios más lejanos en Asia o en África. El rango de proximidad parece incrementar la gravedad de las desgracias. Somos humanos y la percepción varía en función del riesgo inmediato.

Dejando a un lado todas las manifestaciones públicas y privadas de repulsa, solidaridad y apoyo a las víctimas, así como el interminable análisis periodístico de la situación, convendría plantearse cuáles son las causas profundas y dónde están las raíces de la barbarie que azota al planeta cada vez con mayor dramatismo.

En una web que me merece respeto y credibilidad (Ser y Actuar), leo lo siguiente: “Debemos estar unidos para dar la espalda a los señores de la guerra, los negociantes de armas, los ambiciosos de poder. Y dejarlos solos”. La cita puede servir como respuesta a una de las preguntas clave en todos los episodios violentos o conflictivos: cui prodest? Parece que no se reflexiona mucho sobre esto, sobre quiénes están detrás y sacan beneficio de la locura terrorista.

Hay un sector del capitalismo que está atento a cualquier posibilidad de beneficio. Donde se detecta un conflicto o una crispación, rápidamente hay alguien que calienta el ambiente y ofrece sus servicios ‘redentores’ (y rentables). En algunas publicaciones independientes se alude a determinados países musulmanes ricos como potenciales impulsores de la escalada terrorista que padece el mundo, pero admitiendo que pueda ser cierto, el problema tiene raíces aún más profundas.

En la mencionada web Ser y Actuar puede encontrarse un artículo de Cristina Martín Jiménez en el que se habla directamente de la ‘Tercera Guerra Mundial de Bilderberg’. Este concepto referido a la actual situación bélica, que fue inicialmente rechazado por escandaloso, es hoy admitido por personalidades tan conspicuas como el papa Francisco.

El banquero norteamericano James Paul Warburg ya advirtió en 1950 al Consejo de Relaciones Internacionales de los Estados Unidos que “guste o no guste, tendremos un gobierno mundial. La única pregunta es si se logrará mediante imposición o por consentimiento”. No hace falta añadir que la pasión por el poder es la más intensa de las que padecemos los seres humanos, y que además resulta insaciable

La situación precisa de análisis más profundos, pero inicialmente podemos establecer dos premisas claras: que los atentados terroristas provocan inseguridad y que los países que viven con miedo son más fáciles de gobernar. De momento aumentan los controles y las medidas de seguridad, al mismo tiempo que disminuyen la confianza y las libertades.

A partir de aquí pueden establecerse conclusiones aún más terribles, así como avizorar un horizonte pavoroso para el futuro inmediato.

 

Francisco Javier Aguirre

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